Tengo el corazón partido
Quiero hacer una propuesta, si puede ser de ley, para que los mayoristas de viajes, los hoteleros, los constructores, los ginecólogos, los alergólogos, los pediatras, los muertos, los caseros y los vecinos, tengan la obligación de abonar una cantidad fija mensual, como si de la Seguridad Social se tratara, destinada al mantenimiento de los refugios para perros y gatos.
Y lo propongo, porque parecen ser directamente responsables de los cientos de abandonos que se han registrado en nuestro departamento de adopciones últimamente, todos ellos solapados bajo la terapia vacacional, las reducidas medidas de los nuevos pisos, la prescripción médica y la buena convivencia vecinal.
Eso sí, hay una pauta común: a todos y cada uno de los propietarios se les destroza el corazón porque, si no fuera por eso, jamás lo daría.
Y si no fuera por la alergia del niño, que tiene 25 años, y que es provocada sin duda por el perro, que tiene 12 (durante 11 años figura que el perro ha sido calvo), y que ha surgido hace dos meses, no lo daría; le das el nombre de un producto que elimina ese problema, y entonces con gran espanto te añade que los vecinos se quejan porque ladra (durante 11 años figura que ha sido mudo); le explicas como solucionarlo, y aparece, bendito sea, el no poderlo atender debidamente por el pequeño tamaño del piso, y la falta de espacio para que el pobre animal viva con mediana dignidad. Por todo ello, han tomado la durísima decisión, a costa de grandes lágrimas y mesado de cabellos, de darlo a una familia con un gran jardín.
Y entonces te preguntas si durante 11 años ha sido un Yorkshire, y de golpe una mañana, como reencarnación kafkiana, se ha transformado en Pastor Alemán cruzado con Husky. Y le sugieres que llame a la tele para que le hagan un reportaje en algún programa de esos que presentan misterios paranormales sin resolver.
Pero no nos preocupa, porque como todos los que estamos en el mundo de la protección ya sabemos, cada día se reciben en cada refugio una media de 50 llamadas de familias que viven en grandes casas con jardines inmensos, que además son ricos, y cuya vida carece de sentido si no ofrecen una vida de pompa y ceremonia a un perro de 12 años, cruzado de Pastor Alemán con Husky.
Oiga. Es usted muy libre, como lamentable propietario de un animal que va a ser abandonado, de tener la poca cultura que estime oportuno, y el nivel intelectual mínimo que le permita firmar con una cruz y evitarse la tinta en la yema del dedo. Pero por favor, no nos tenga veinte minutos al teléfono, porque hay otras catorce llamadas en espera de soltar el mismo rollo (¿dan cursillos sobre eso?).
Si ello le parece enriquecedor para su persona, sea usted imbécil. No nos tome a nosotros por lo mismo. Bastante tenemos con aguantar a pie firme sus cretineces, para evitar que acabe usted matando al perro.
Y sobre los muertos del primer párrafo, si es usted heredero, nuestra felicitación. Suponemos que sí que ha podido atender debidamente tanto la cuenta bancaria como las propiedades de su difunto familiar que, quizás, confió en que también atendería a su perro y a sus dos gatos. Que disfrute de su herencia con salud. Se lo merece.
Texto de Matilde Figueroa.
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