ASÍ QUE LOS ANIMALES,...¿NO HABLAN?
Los animales no tienen la estructura de la garganta que tiene el ser humano, lo que hace imposible el habla tal y como nosotros la conocemos y practicamos. No obstante, se comunican.
Los delfines, por ejemplo, pasan las señales, en forma de ondas o clics a alta velocidad; las ballenas cantan melodías únicas para cada individuo y especie; los pulpos y sepias utilizan lenguajes de estridente color para expresar su estado de ánimo y saludar a sus congéneres; las abejas realizan danzas y bailes muy elaborados para notificar a sus compañeras la situación de las distintas fuentes de alimentación y los rinocerontes usan patrones de respiración para hablar.
Las ratas parecen que se ríen emitiendo sonidos muy similares a los propios de la risa humana; los elefantes se relacionan en grupos, por medio de sonidos de baja frecuencia que el oído humano no percibe, mientras , que una gran mayoría de animales salvajes, entre los que se cuentan los licaones, monos y perritos de la pradera, tienen distintos tipos de sonidos dependiendo de los enemigos a los que se enfrentan.
Por medio de diferentes estudios se han identificado más de 50 "palabras" a través de las cuales se ha podido descubrir que los animales no sólo hablan sino que también bromean y mienten.
En cuanto al sentido del humor se cuenta que en cierta ocasión, dos loros que habían sido rescatados de un dueño irresponsable, de manera accidental, escuchando conversaciones a su alrededor, habían aprendido ocho saludos distintos.
Aprestándose a aplicar lo aprendido tomaron como conejillos de indias de sus juegos, a los operarios de una fábrica cercana y en dirección hacia sus casas paraban por el lugar a una hora determinada. Justo antes de las tres de la tarde, los loros se acercaban a las ventanas, saludaban a los obreros y se escondían. De repente los dos loros aparecían a la vez y gritaban ¡Hola!.
Arcadys (revista nº 21)
