El vacío dejado por la muerte de Odín me llevo a la protectora

 

Laura nos relata como la triste historia de la muerte de su perro le llevó a concienciarse por la lucha contra el abandono:

Desde pequeña he sido una gran amante de los animales, recuerdo la de bocadillos que se habrán comido todos los perros que me encontraba por la calle, y como se me encogía el corazón por no poder ayudarles.

Cuando perdí a mi niño del alma, Odin, se me quedo un vacío enorme y la idea de adoptar un par de perritos, en cuanto estuviera preparada, pues la pérdida de mi niño fue muy dolorosa. Sin embargo el destino cambio esa decisión poniendo al poco en el camino a Thor, un trozo de pan abandonado en el monte. Sólo faltaba alguien que le hiciera compañía, así que un día que leí en un artículo que la protectora de Godella necesitaba adoptantes por que los desalojaban no me lo pense dos veces y me fui a buscar una compañera para Thor y para mí. No fue fácil, el refugio estaba muy escondido, a punto estuve de no llegar por que no lo encontraba, pero soy cabezota, afortunadamente, y por fin conseguí llegar.

Entonces no tenía mucha idea de lo que era un refugio, pensaba que eran lugares subvencionados, con trabajadores, sus instalaciones en condiciones. Nada más lejos de la realidad, me encontré un refugio necesitado de ayuda, y muchos corazones deseando tener un hogar.

Poco después decidí echarles una mano unos días en el nuevo albergue que estaban construyendo. El primer día que acudí al nuevo refugio se me cayo el alma al suelo, un lugar vacío, todavía por construir, pocos voluntarios, y una fecha tope para trasladar a todos los perros y gatos que estaban en el otro refugio.

Lo que pensaba serían unos días se han convertido en más de 2 años, y en una promesa conmigo misma, nunca dejare de luchar lo que haga falta por aportar mi granito de arena a este mundo de la protección animal tan abandonado por las administraciones y la sociedad en general.

Cuando llegó el día del traslado lo pase muy mal por ver tanto animal abandonado, no lo entendía y sigo sin entenderlo, historias de malos tratos, excusas tontas de abandono, etc.

Pero ese día todos los niños del refugio se ganaron mi corazón y reforzaron mi promesa de no abandonar nunca esta batalla.

Los días en el refugio son muy buenos, su cariño, sus juegos, sus lametones, la alegría que se llevan cuando llegas, las relaciones que establecen entre ellos, renuevan las energías para volver uno y otro fin de semana. Aunque a veces los tragos son duros, los que nos dejan en el camino, los enfermos, los que llegan con trágicas historias, pero por ellos que no se merecían tener esa historia hay que seguir adelante y conseguir, por lo menos intentar, que cada vez sean menos los que las sufran.

La experiencia como voluntaria me ha servido para conocer gente que como yo no desfallece por conseguir cambiar las cosas, y que todo el mundo se de cuenta de que los animales son seres vivos que no merecen el trato que se les da.

Además ha sido una experiencia que me ha cambiado la vida, que le ha dado un nuevo sentido, quien me lo iba a contar cuando leí aquel artículo que dio pie a esta maravillosa experiencia.

21/10/2007