Cristina cuenta su experiencia como voluntaria de la SPAG:
Hoy es domingo. Los domingos siempre me han parecido uno de esos días ambiguos en los que uno no sabe muy bien que hacer.
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Si te levantas pronto vaya tontería después haber madrugado toda la semana, pero es que si te levantas tarde el día se pasa rápido y parece que no hayas tenido fin de semana.
Además esta todo cerrado, vaya día mas tonto, un día entero para el aburrimiento entre el sofá cara a la tele y mis libros en la mesa de estudio.
Esto eran mis domingos hasta hace unos dos meses aproximadamente, antes de conocer la
SPAG.
Entré en contacto con la SPAG mediante mail cuando intentaba conseguir información para tramitar una denuncia. Yo en el Google busqué en principio protectora de animales de Valencia, pero no sé si fue la suerte, el azar o seria cosa de brujas, el destino quiso que no se me abriera la pagina web de la protectora de Valencia por un error en la red y si lo hizo la de la
SPAG. Tras varios mails y tras debatirme entre venga chica atrévete y que puñetas iba a hacer yo ahí si nunca he tenido perros, me decido a ir a conocer el sitio.
El impacto es brutal, centenares de ojos mirándome, montones de patitas avisándome de que están ahí y no aceptan por nada del mundo que me vaya sin ofrecerles aunque sea una sola caricia, algunos me arañan en su empeño de que los coja en brazos. Mis pantalones eran negros, ahora son grises a manchas marrones y mi pintalabios de brillo absorbe todo el polvo que levantan al venir corriendo hacia mi. Veo pequeños peluches en movimiento, miradas que no olvidare jamás, perros grandes detrás de la segunda puerta que quieren olerme, alguno incluso parece que sonría de forma especial.
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Tengo que irme, mi padre venia de acompañante para que no me perdiera y aunque yo quería quedarme sin importarme un comino como quedarían mis pantalones, mi padre no esta bien de la espalda y no puedo tenerle allí toda la mañana. Entre el calor sofocante y ladridos Francis me da lotería para vender, Isabel se desespera porque los lleva a todos siempre detrás y no la dejan andar, y David entra cargado con algo.
Tengo que irme, pero me voy con la sensación de haber encontrado un tesoro, una pieza que me faltaba encajar en mi desarrollo como persona.
Nada mas llegar a casa le cuento todo a mi madre y a mi hermana que se parten de risa al vernos a mi padre y a mi entrar llenos de huellas. Hoy ha sido un domingo distinto, un domingo en el que he aprendido que el amor a ellos no entiende de días festivos, que es algo que nace y se mantiene constante, creciendo gradualmente.
Por ese amor he acabado ensuciándome de pies a cabeza, he puesto ladrillos a 38 grados al sol, he limpiado un patio enorme, la celda de los gatos...me maravillo y me admiro del trabajo de los demás voluntarios que llevan tanto tiempo y de todo lo que han conseguido con tanto esfuerzo.
Yo solo llevo 2 meses, tiempo suficiente para vivir muchas alegrías, y también algún que otro chasco, experiencias que se marcan a fuego en el alma y en la mente.
Hoy por hoy, colaborar con las Spag es de las cosas que más orgullosa me hace sentir de todo lo que he hecho en mi vida. Y me niego a dejar de sentir ese orgullo.
Mañana volveré al refugio, a trabajar por ellos, a sentir por ellos, a que me abracen, a que me arañen en su intento de llamar mi atención, arañazos de amor, a que me laman la cara, a tirarles la pelota.
¡ Que bien! ¡Mañana es domingo!!
Cristina
26/10/2005

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