Thayson:
Thayson, inmejorable jefe e imagen de nuestra protectora.
Nunca te caracterizaste por ser uno de los perros más fuertes, pero quizás si fuiste de los más inteligentes. Poco a poco te hiciste con el control de la manada y acabaste siendo el jefe. El mejor de los jefes que ha habido en nuestro albergue.
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Cuidabas a los más pequeños y protegías a los más desfavorables, parecía que tu única meta era tener un hogar donde reinara la paz.
Durante los años que estuviste con nosotros fuiste especial, porque sentías adoración por todos los voluntarios, en especial por Isabel, a la que no sólo adorabas, sino que llegabas a venerar.

Te encantaba ir de voluntario en voluntario dando amor mucho amor, pero tu eras de los que necesitabas recibir y constantemente pedías caricias y besos hasta de los que no conocías, aún sabiendo que tu nunca serías el elegido, porque era imposible separarte de Isabel, de haber hecho eso, te hubieras muerto de pena. Aunque finalmente se tuvo que hacer por tu bien, te fuiste a vivir tus últimas semanas a casa de un voluntario, donde te cuidaba de tus heridas e Isabel te podía ver con frecuencia.
En una pelea, en la que sólo querías poner paz, saliste mal herido. Tu pata tuvo varias fracturas y necesitaste varias operaciones en la que se te implantaron clavos exteriores para corregir tus huesos.
El veterinario te exigía reposo. Eso en ti era una palabra inexistente y poco a poco se complicaron las cosas.
Aún recuerdo como sonó el teléfono y lo cogí ajena al triste mensaje que iba a recibir. Era mi madre que me decía nena Thayson está ya en el arco iris de los perros, dije vale, colgué y pasé horas llorando.
Pero te fuiste como el mejor de los jefes, con la cabeza bien alta y despidiéndote de los que más querías.

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