Adiós Gala, adiós...

 

Gala:

 

Fue un 6 de septiembre cualquiera cuando del Albergue te llevé a casa.

Estabas muy enferma, débil y tus esperanzas de vida eran pocas. De origen incierto, vagabas por los caminos, te encontraron y llevaron aL Refugio, quien sabe si abandonada por alguien que decía quererte…

Necesitabas descansar, el albergue no es el lugar más apropiado para los débiles.

 Necesitabas, como todos, una muerte digna, con nombre, fecha y lugar. Y así fue. Pasaste casi dos meses en un hogar, tuviste suerte, otros no pudieron hacer lo mismo.

Los animales mayores nadie los quiere, dicen que son un engorro. Pero silenciosa, con aquella mirada cansada, con aquellos movimientos inseguros, no diste más guerra que la de un ser enfermo que necesitaba muchos cuidados, cariño y una camita limpia. La biología y el tiempo harían el resto.

 Ya ha terminado todo Gala, te han ayudado a morir pero has muerto dignamente porque de eso se trataba, de arropar a tu último latido, de acoger a tu última esperanza y protegerla de la frialdad de un final anónimo.

Ya sabes Gala, en el refugio erais muchos y los más pequeños, los enfermos y los más mayores, perros o gatos, son los que peor lo pasan. No hay suficientes manos para cuidarlos a todos del modo que se merecen y vuestro agotamiento vital e indefensión son incompatibles con las leyes de la naturaleza.

Allá donde estés, descansa. Nunca entenderás por qué te abandonaron si les diste los mejores años de tu vida, tal vez tu dueño murió y sus familiares no te querían o es que tal vez, dejaron de quererte, sin más.

No busques respuestas, no las hay. La crueldad humana tiene infinitas caras y ésta es una de ellas.

 Ahora, otros que están en la misma situación que tu estabas, seguirán impacientes buscando una nodriza, esperando una llamada de teléfono de alguien que diga: “Me llevo a este animal a casa, se merece un final feliz.”

Tu camita la he lavado y la he guardado, quien sabe si tu calor y tus sueños los recoge otro ser que necesitaba lo mismo que tú, morir en paz.

Ya no recorrerás el largo pasillo ni esperarás en la puerta de la cocina tu comida preferida, ya no te abandonarás al plácido sueño ni tomarás los cálidos rayos del sol de mediodía.

Ya no necesitarás más morfina.

No tuviste una muerte anónima porque alguien derramó lágrimas por ti, lo sabes, te fuiste con tu nombre puesto en la mirada y junto a alguien que en el momento preciso con un tierno beso en la frente esperó a que te fueras diciéndote adiós, adiós Galita.