Drako:
Querer a un perro es solo corresponder a su devoción por nosotros, a su independencia total, a su fiel y constante compañía afectiva, a su mirada que nos entiende.
A un animal se le quiere igual que a uno de tu propia familia, pero de manera mas entregada, más tierna.
Se le quiere sin las defensas a que las personas nos obligan, porque el perro no especula, no negocia el afecto: lo da de manera incondicional.
Y eso hace que uno no se contenga en la manifestación de la ternura que acaba cuajando en cariño.
¿Cómo no querer a un perro, como no sentir su pérdida con un dolor tan tierno y personal.
Te hiciste con nosotros, Drako, y de nosotros aprendiste a ser feliz, a tener sentimientos como los nuestros. tú vida entera éramos nosotros, tu alegría, tu alimento, tus enfados y reconciliaciones. Disfrutabas incluso de tus juegos, de la comida, de tus carreras locas, sólo si estábamos nosotros. Eras más nuestro que un hijo, que al final construye su propia vida y se va. Tú no podías vivir sin nosotros y estabas hecho a nuestra manera. A ti si que te sentíamos nuestro para siempre.
Pero te has ido antes de tiempo, cuando no lo esperábamos. Has cumplido tu ciclo, tu vida se ha cerrado. En agradecimiento a la vida que nos has regalado van estas líneas de tu recuerdo, necesarias para aliviar la nostalgia y conservar tu memoria.
Si de nosotros lo aprendiste casi todo, tu también nos enseñaste muchas cosas.
A tu amo le hiciste ver la persona que había en un perro y el tierno cariño que puede despertar un ser tan incondicional y tan feliz con la compañía de sus amos.
A mí me recordaste, porque se quería tanto a un perro. Por el amor incondicional que nos dais, conformándoos con lo que os demos. Me has hecho comprender muchas cosas que no valen la pena y te estaré agradecida siempre. Me has enseñado a querer un poco más.
Me enseñaste también al final de tus días, a aceptar la muerte lo mismo que la vida, a escuchar la enfermedad y entenderla, esperando tranquilo y consciente.
 EL DIA QUE TE VIMOS.
Decidimos comprar un perro, porque yo me puse muy cabezota. Nos fuimos al mercado central y empezamos a buscar. Yo iba convencida de que no quería un husky, pero cuando te vimos allí encima de tu primera dueña, sentado con esa panza rosa y esos ojos azules, nos fue imposible negarnos a
ti.
Te llevamos a casa y te espanzurraste en el suelo al lado del sofá. Te meabas, te hacías caca, pero bueno era lo normal. Nos costó enseñarte, porque eras muy tuyo. Cuando nos íbamos a trabajar nos destrozabas la puerta y nos hacías toda clase de putadas. Pero aprendimos a aceptarte como eras, a pesar de que nos costó.
NOS DESTROZASTE EL COCHE.
Fuimos a mirar un chalet, te dejamos dentro del coche, cuando salimos nos encontramos con el regalo que nos dejaste. Te habías comido el techo de nuestro coche.
Un Seat Toledo que probó tus mandíbulas. Tu dueño casi te mata, pero le entró el razonamiento y no lo hizo.
JAVEA
Nos fuimos a Javea y allí te comportaste fatal. Te subiste a la mesa del comedor a comértelo todo y cuando mi madre te riñó, te measte en su cama. Luego como un niño revoltoso, para evitar que te riñéramos te escondiste debajo de la cama, mirándonos con esos ojos pillos que tú tenías.
EL CHALET
La primera vez que subiste al chalet te rompiste un dedo. Querías entrar tan rápido en el comedor que no viste la ventana, y a tu amo y a mí nos tocó llevarte al veterinario.
EL ADIESTRAMIENTO.
Te tuvimos que llevar a adiestrar, porque estabas sin civilizar.
El primer día que fuimos a verte después de dejarte allí, nos encontramos contigo, más delgado y con la cara llena de heridas por haber intentado salir de la jaula. Es que eras rebelde por naturaleza, pero ahí estaba tu encanto. Después de dos meses allí volviste a casa, mas calmado `pero seguiste haciéndonos putadas.
LOS NIÑOS.
El primer día que volví del hospital con Iván lo miraste, y te acercaste a él. Siempre que podías ibas a ver esa cosa tan pequeña que hacía tanto ruido. Te venías a bañarlo conmigo, lo mirabas en la cuna cuando yo no estaba, vamos que lo cuidabas. Luego llegó Pablo, a esto ya estabas acostumbrado, entonces no notaste tanto el cambio. Y más tarde tu pequeña Ainhoa que tanto te quería y que tan poco tiempo ha disfrutado de tu compañía. Siempre se sentaba contigo y tú le dejabas que se te subiera encima sin moverte. Ella te correspondió, porque el primer nombre que dijo fue el tuyo.
TU VISITA A LA NIEVE.
Te encantó, yo creo que ha sido uno de tus días mejores. Saltaste, corriste, mordías la nieve para beber agua, que contento estabas. Pero ahí también nos gastaste la putada del siglo, te escapaste detrás de las ovejas y me tocó ir a buscarte. Y ahí estabas, olisqueando para ver si caía algo. Cuando llegamos a casa te tiraste tres días malo de lo que habías danzado.
T U MANERA DE HACERTE ENTENDER.
Nos enseñaste sin hablar a comprender. Cuando querías algo de comida venías y nos ponías la cabecita encima, cuando querías salir te ponías detrás o delante de nosotros para que te sacáramos, venías a buscarnos para que te hiciéramos caso. Cuando querías agua o movías el cacharro o te ponías delante de la tele, para que no tuviéramos mas remedio que levantarnos, cuando no te gustaba la comida empujabas el cacharro. Eras mas listo que el hambre.
NOS DESAFIABAS.
Cuando empezábamos a confiar en ti, que no arañaras la puerta o te cagaras detrás de ella cuando nos íbamos, tú volvías a hacer una de las tuyas, como diciendo no os fiéis que estoy aquí. Era tu manera de decirnos que al quedarte solo nos echabas de menos. Y no veas como nos fastidiaba.
CUANDO QUERÍAS MIMOS.
Venías y nos dabas con el morro y apoyabas tu cabezota encima de nuestras manos o de nuestros pies. Y además eras insistente o te hacíamos caso a las buenas o si no nos mordisqueabas las manos.
TE DABAS CUENTA DE TODO Y LO ENTENDÍAS.
Si alguna vez nos reñía a los niños o nos peleábamos tu amo y yo, tú enseguida te marchabas a tu sitio y te escondías como diciendo yo no estoy y no tengo nada que ver con esto. Si fregaba el suelo y te decía; Drako quita, vete a tu sitio que voy a fregar, enseguida te levantabas y te marchabas, si te decía no pises que esta mojado, no entrabas. Eras mas obediente que los niños.
CUANDO TE REÑÍA O TE HABLABA.
Te quedabas mirándome y ponías cara de cordero degollado, como pidiéndome perdón y si alguna vez estaba triste, tu venías a hacerme compañía.
ME MARCHABA Y TE SUBÍAS EN EL SILLÓN O EN MI CAMA.
Sabías que no me gustaba, pero tú aún así cuando me iba debías de pensar, te has ido pues me subo al sillón o a la cama, total cuando mi dueña venga solo me reñira. Aguantabas el chaparrón y a la próxima otra vez.
EL
CAMBIO DE CASA.
Nos cambiamos de casa cuando tú ya estabas acostumbrado a la otra. A esta te costó hacerte, pero tenías una terraza que te salías a tomar el sol y te gustaba mucho. Aquí también me has dejado tu señal, me marcaste la puerta para que nunca me olvide de tí. Ahora casi te doy las gracias, porque por lo menos siempre veré tus señas como si fuera tu firma.
QUE CONTENTO Y TRISTE TE PONÍAS CUANDO TE VENÍAS O NO A LA CALLE.
Se te ponía una cara cuando decíamos Drako a la calle, que daba gozo verte, arrasabas con todo lo que pillaras por medio. Al contrario que cuando te decíamos Drako a tu escaño, enseguida agachabas el rabo y las orejas y te ibas resignado a tu sitio. Cuando volvía y te soltaba te ponías como un loco de alegría, como voy a echar de menos tus recibimientos.
TU OPERACIÓN.
Te salieron unos quistes en el culo. Te llevamos al veterinario y nos dijo que era hormonal, te castramos y enseguida te recuperaste y ya estabas otra vez saltando y corriendo.
LAS SALIDAS AL PARQUE.
Como te gustaba ir al parque. Disfrutabas como un cosaco cuando llegábamos, eras feliz solo con estar allí y que tus amos estuvieran contigo, tú si que has sabido disfrutar de las cosas pequeñas.
LA FASTIDIOSA OPERACION.
El 3 de Noviembre te operamos de unas glándulas y ahí empezó tú calvario y el nuestro. Después de la operación tú ya no te recuperaste bien.
Nosotros te llevábamos al veterinario, pero no hubo manera de curarte. Semana a semana te ibas apagando un poco más, hasta que al final hace dos días el 19 de Diciembre te fuiste de nuestro lado.
Lo único bueno que me ha dejado esto, es el recuerdo de cuando te estaba curando los ojitos y los ratos que he pasado sentada junto a ti estos últimos días. Me demostraste lo valiente que has sido, como aguantaste sin quejarte. Me demostraste la nobleza que tenías en ese corazón que no te cabía en el pecho, cuando me mirabas en la calle y me decías con tu mirada, no me apetece andar. Si me retiraba un poco salías detrás de mí para que no me fuera. Cuando te cuidaba estos últimos días, tu mirada era de amor y gratitud por lo que te estaba haciendo. Me has enseñado más en estos días, que lo que yo he podido aprender en mi vida.
Cuando te bajé tan malito, te cogí la cabecita y tu dejaste tu peso en mis manos me trasmitiste el amor más dulce y más profundo que se puede percibir. No voy a olvidar nunca esa sensación y esa mirada de admiración hacia mí y de confianza que tenías puesta en mí.
No me diste tiempo a despedirme de ti, simplemente te dije hasta mañana, pero creo que tú ya lo sabías, cuando me miraste al entrar y te toqué tu cabeza.
Te querré toda mi vida Drako, corazón de dragón, siempre tendrás un sitio en mi corazón y espero que donde estés me esperes hasta que yo llegue. Te has ido con tu papi Goofy, no pudiste resistir ese vacío que se quedo en ti, pero los
ángeles deben de estar en el cielo y ahí es donde estáis los dos.
Que vacío has dejado en mí, ni con tus niños, ni con mi marido y la gente que tengo alrededor lo puedo llenar. No me has dado tiempo a asimilarlo y eso no te lo voy a perdonar. Se ha ido mi amigo más fiel y mi mejor compañero, la casa está sola sin ti. Y no puedo olvidar esos ojos mirándome con ese cariño tan grande, lo único que me queda y me llena un poco mi alma es el cariño que me demostraste con tu mirada en los últimos días. Adiós mi amigo Drako,
te quiero mucho.

|