Claudia:
Siempre discreta y en un segundo plano, sin llamar demasiado la atención ni para lo bueno ni para lo malo. Ni siquiera para morirse, que ni nos avisó. Una ataque inesperado acabo con su vida, sin previo aviso y sin enfermedades que nos alertaran.
Claudia a penas estuvo unos meses en el albergue y fue de lo más buena. Le gustaban las caricias más que a nadie, y las galletas eran su pasión, pero ella no pedía ni una cosa ni otra. O no al menos de la misma forma que lo hacen los otros perros. Cuando Claudia quería algo buscaba un punto estratégico, cercano al voluntario, se sentaba y te miraba fijamente, con cara de pena. Y a esos ojitos, ¿quién le negaba nada?, era imposible no acercarte a ella y darle un achuchón y un montón de besos.
 Aún recuerdo el día que me enteré de la muerte de Claudia. Como había dos en el albergue pensé que era la otra, tan viejita y agotada, que era lo previsible. Cuando me sacaron de mi error casi me muero yo. Mi Claudia nos ha dejado, ¿pero como si estaba tan bien?. Así de repente, delante de una voluntaria se desplomo, sin más. La cogió corriendo y Claudia reacciono como si no hubiera pasado nada, se fue a su redil y a si camita. Algo totalmente normal en ella. Y ahí se quedó, dormidita para siempre con una muerte discreta, como fue su vida.
Claudia nos dejó el 30 de mayo de 2007

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