A mi querido Buba

 

Buba:

 

Han pasado muchos meses desde que no estás con nosotros, pero aún espero verte cuando entre al albergue.

Ya desde el primer día que entraste te hiciste notar y ya dejaste patente que ibas a ser un perro especial, lo que no nos imaginábamos es que con tu especial forma de ser te ibas a ganar el corazón de todos nosotros.

Nunca podré olvidar como se iluminaba tu cara cada vez que me veías entrar por la puerta y con tu especial sonrisa te abrías paso entre el resto de los perros.

Nunca podré olvidar como te abalanzabas sobre mi y ponías tus patitas en mis hombros y como gruñías al resto para ser el único que recibías mis caricias.

Nunca podré olvidar cuando ya te pusiste malito, y para mejorar la irritación de tu piel te debíamos bañar dos veces por semana, y como huías de mi cada vez que veías como preparábamos la bañera.  

Nunca podré olvidar como me mirabas desde el asiento trasero del coche, a través del espejo retrovisor el mismo día que te llevé al veterinario para que te quitaran ese ojito que tanto daño te hacía y tu alegría cuando a los cinco minutos de irme del veterinario volví para darte el que yo sabía que era el último beso que te daba.

Pero lo que nunca olvidaré es como te fallé, porque yo fui la persona que autorizó tu adopción y de no haberlo hecho, nosotras hubiéramos luchado por ti y tu hubieras luchado por nosotros y hoy juntos, estaríamos superando tu enfermedad y pronto volverías a ser el perro guapo que siempre fuiste.

Perdóname.