Boris, la lucha por la supervivencia

 

Boris:

 

 

La entrada de Boris en el albergue fue de las que más me impactó. Llevaba poco tiempo en la SPAG y me tocó ir a por un perro agonizante que acababan de atropellar.

Ya en el veterinario la expectativa era mala, pero había un rallito de esperanza, que al final se convirtió en un haz de luz y en varios años de felicidad. En el albergue, no encontramos una familia para ti, pero eras un perro feliz. Eras un bóxer grandullón, pero tan grande como tu era tu corazón. Necesitabas mimos constantes y necesitabas ser el centro de atención.

Recuerdo, no se como, cogí la manía de que cada vez que entraba al albergue te pellizcaba esos mofletes tan característicos que tenéis los bóxer, y recuerdo con alegría como me perseguías por todo el albergue hasta que te pellizcaba tus mofletes si algún día se me olvidaba.

Y escribiendo estas letras, me río y lloro. Lloro porque ya no estás aquí, y me río porque me acabo de acordar de tu peculiar forma de comer galletas y como se te llenaba la boca de babas y hacías ese gracioso ruido. Eras un perro especial, hasta para morirte lo fuiste. Te consumías poco a poco pero no querías morir, tu cuerpo no aguantaba más, y tú te resistías, porque querías vivir. Al final tu enfermedad y tu vejez pudieron con tus fuerzas, pero siempre vivirás en nuestros corazones.

Muchos estirones de mofletes allá donde quiera que estés mi querido Boris.