Historia de Teta

Teta, la princesa diferente:

Bueno esta historia realmente no me corresponde contarla a mi, ya que Teta fue adoptada por una buena amiga mía, pero como parte implicada, he decidido que Teta también Tenga su historia en la web, se lo merece.

Teta era una princesa diferente, no se muy bien cual fue la vida que llevó Teta antes de llegar al albergue, pero casi prefiero no saberla, me gusta quedarme solo con la parte buena, con que alguien la llevo al Refugio, y desde ese momento estaba en buenas manos.

Conocí a Teta, hace algún tiempo desde que empecé a ir al albergue, me fije en ella.

Uno de mis primeros domingos en el refugio, viéndola tumbadita dentro de su caseta, tomando el sol. Teta no era una perrita como todos los demás, no era alborotadora, como muchos de sus compañeros que arremeten hacia ti, nada mas entras en el patio.

Teta era distinta, una pequeña princesita, que pasaba desapercibida de casi todo el mundo.

No le gustaba mucho jugar, agradecía las caricias que le dabas, pero no venia a buscarlas, ella te miraba y esperaba a que te acercases donde estaba, para que le pasases tu mano por su cabecita.

La vida de Teta, era tranquila, sencilla en nuestro albergue. Su pequeño defecto por el que creo que nunca nadie pregunto por ella, era que tenia y tiene una pequeña telita en el ojo, que no le permitía ver demasiado bien.

Hacia algún tiempo, había conocido a Sara, una gran chica, que vivía cerca de mi y que estaba tan loca como yo por los animales. La casualidad hizo que nos conociéramos, y yo, empecé a enviarle fotos de todos nuestros pequeños, ayudándome a difundirlos e intentar encontrarles un hogar.

Un día, Sara, me comento que quería adoptar a una perrita de la protectora, al principio me pregunto por Mora, una guapísima perrita que era un terremoto.

                                               

Yo, seguía encabezonada, en que debía encontrar una casa, para Teta, y no paraba de hablarle de ella, egoístamente, convencí a Sara, de que Teta era perfecta para ella, y así fue.

Sara y Teta se enamoraron mutuamente desde el primer momento en que se vieron y ahora viven felices las dos, se quieren muchísimo y se que no podrían vivir la una sin la otra.

En cierta manera, me sentí responsable de que por fin Teta, viera algo mas que las cuatro paredes del albergue, de que supiera lo que es una cama mullida, caricias para ella sola, en definitiva una vida mejor. Me enorgullece decir que hoy Teta, tiene un hogar, que encontré a esa mama perfecta para ella, que acerté convenciendo a Sara, de que adoptase a Teta, porque era una perrita difícil de que la adoptasen, por cosas que nosotras, que amamos a todos por igual, no las vemos, pero que la gente, de fuera puede no ver así.

Desde aquí le doy las gracias a la persona que recogió a Teta y nos la trajo al refugio, seguramente salvándole la vida, a todos los voluntarios que la cuidaron y la mimaron, a Sara, por darle la oportunidad de vivir una vida mejor, y a Teta por habernos regalado su amor incondicional.