Historia de Olé

La dulce sonrisa de Olé:

Es un placer vivir contigo, Olé, recibir constantemente tu sonrisa; aún en los momentos en que  la enfermedad hace que tu cuerpo esté algo débil para correr hacia mí, esa mirada y ese movimiento impetuoso y constante  de tu rabito cada vez que te miro o que digo tu nombre, lo vale todo.  Yo creo que acumulas toda tu energía en tu cola para sonreirme siempre, que te has propuesto por encima de todo no dejar pasar un cruce de nuestras miradas sin decirme “hola” de esa manera tan especial que tu sólo sabes.

Nunca podré agradecer del todo a  Lasa que te aceptara tan pronto en  su manada y que  cuide tan bien de tí. Mirar como os dáis besitos durante minutos sin parar es para mí un espectáculo fascinante, y veros correr juntas por el campo,  una maravilla.

Todas las enfermedades suponen un duro camino, pero cuando lo recorres acompañado es mucho más llevadero. Y no estás sola en esta lucha, princesa, nos tienes a Lasa y a mí, a mi familia que ahora es la tuya, a nuestros amigos de la Spag que se alegran y sufren con nosotras, a Victor, que se pone tan contento o tan triste dependiendo del resultado de tus análisis, a mi amiga Fanny, que se lleva a ratos a Lasa a su casa para que tu comas más y te alimentes mejor, pues aunque te quiere mucho, ya sabes que  le encanta comerse su comida y la tuya.

 

Los que te abandonaron, aparte de muchas otras cosas, han sido verdaderamente tontos por renunciar a tí y a tu sonrisa, que es una constante caricia para quien está a tu lado.

Te queremos mucho, Olé, y que estés con nosotros nos hace muy felices.

Animo a todo el mundo que encuentre en su camino a un perro abandonado, y que al cruzarse las miradas sienta un latido especial en su corazón, que no dude en adoptarlo, nunca se arrepentirá de haberle invitado  a entrar en su vida.