Historia de Inca

 

Inca, una perra afortunada:

A todos los que me cuidasteis y disteis vuestro cariño y comprensión mientras duró mi estancia en el albergue. Os doy las gracias por ese cariño y los cuidados recibidos y ambos ausentes durante tanto tiempo.

Ya conozco prácticamente a toda mi nueva familia, Abu, Marisa, Ramiro, Jessica, Alex, Rubén, Víctor, Carla, Maria José, aunque Ramiro es mi dueño legal, vivo con Abu que perdió a su anterior mascota la semana pasada.

No voy a tratar de sustituir su amor pero si por el momento llenar el hueco, que Simba dejó en la familia, mi familia, dándoles todo el amor que llevo dentro, aunque pequeña, tengo mucho que dar.

Aunque llevo entre ellos poco más de cuarenta y ocho horas, cuanto amor he recibido, me colman de mimos, caricias, tengo mi propio lugar donde dormir, sin pasar frío o estar mojada por la lluvia, una cestita con mantas. Me encanta el sofá, y me permiten estar en el, a veces tengo miedo de despertar y que todo esto haya sido un sueño.

Ramiro me confesó que a primera vista en la puerta del albergue, no era la mascota físicamente ideal, pero viendo mis ojos, entendió todo el amor, nobleza y bondad que llevaba dentro, y que la única forma de que no sufriera nunca más era, formar parte de la familia.

Más tarde en el coche simplemente me apoyé con mis patitas delanteras en el apoya-brazos de la palanca de cambio del coche, apoyando mi cabecita sobre su hombro confirmándole lo que había visto en mis ojos, ahora sus cariños, besos y mimos son incondicionales, es mas me dice que la frase “dulzura transformada en perrita” de la página Web queda corta.

Con Abu, soy la reina de la casa, me baja para pasear al jardín interior de la Finca Roja donde vivimos las dos, puedo correr, jugar y conocer nuevos amigos que también están allí con sus dueños. Cuando estamos en casa y ve la tele subo a su regazo o me pongo a su lado, recibiendo caricias y besos continuamente.

Me encanta estar con Alex, Rubén y Carla, los adoro y allí donde van cuando estamos todos juntos estoy yo, jugando y solicitando caricias. Víctor es algo mayor y aunque le tengo algo de respeto, me regala sus caricias y abrazos, demostrándome que no es igual que los niños de su edad que hasta ahora había conocido.

Estoy llena de curiosidad, me fascinan los espejos donde me miro, y pienso en todo lo que he tenido que pasar hasta llegar al albergue y donde estoy ahora, cielos, cuanto me gustaría poder contarlo. Me encanta estar en el regazo de cualquiera de ellos y sentir el preciado calor y cariño humano, sintiéndome acariciada y querida, pensando que nunca más me va a faltar.

Tan solo deciros que os echaré de menos, también, como al resto de mis compañeros de fatigas, y que procuraré en el futuro visitaros. Os agradeceré eternamente todo lo que habéis echo por mi, que ni por un momento podáis pensar que es poco y pediros que continuéis, no desfallezcáis, somos tantos los que necesitamos ayuda, que Gran labor social hacéis.

Con mucho cariño, Inca.